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Crónicas literarias: escribir desde el origen

  • Nasbly Kalinina
  • Jan 25
  • 3 min read

Updated: Jan 25

Escribir desde el origen es también escribir desde la fe, la memoria y el silencio
Escribir desde el origen es también escribir desde la fe, la memoria y el silencio

Nací en Venezuela, un país donde la historia, la fe y la memoria conviven en múltiples capas. Crecer allí marcó profundamente mi manera de mirar el mundo y de entender la escritura: como un espacio donde lo humano, lo social y lo espiritual se entrelazan de forma inevitable.

Desde muy joven, los libros se convirtieron en refugio y en pregunta. Leer fue, antes que escribir, una forma de comprender la realidad que me rodeaba. Con el tiempo, la necesidad de contar historias dejó de ser solo una inquietud íntima y se transformó en una vocación consciente, atravesada por la observación, la fe y el deseo de sentido.


Formación, fe y mirada crítica

Mi formación académica ha estado ligada al lenguaje, la educación y el pensamiento social. He estudiado y enseñado tanto español como inglés, así como áreas vinculadas al derecho y la sociología. Estas disciplinas me permitieron comprender mejor las estructuras sociales, la justicia y el comportamiento humano, pero también me confirmaron algo esencial: que el ser humano no puede explicarse únicamente desde lo racional.

Soy orgullosamente católica, y mi fe forma parte de mi manera de leer el mundo y de escribirlo. No como un discurso impuesto, sino como una presencia constante que atraviesa mis preguntas, mis silencios y mis personajes. En mis textos, la espiritualidad no aparece como respuesta fácil, sino como búsqueda, como anhelo y como tensión interior.


Espiritualidad y cultura venezolana

Hablar de Venezuela es también hablar de un territorio donde las creencias se entrelazan. La devoción católica convive con expresiones espirituales populares, con símbolos, rituales y figuras que forman parte del imaginario colectivo. En mi escritura, esa realidad no se oculta ni se simplifica.

Mencionar creencias como las asociadas a María Lionza no implica adhesión doctrinal, sino reconocimiento cultural. Forma parte de una mirada honesta sobre un país donde lo espiritual ha sido, para muchos, una forma de resistencia, de identidad y de explicación frente al dolor y la incertidumbre. Mis textos reflejan esa convivencia, ese diálogo —a veces armónico, a veces tenso— entre fe, tradición y cultura popular.


Escribir desde la experiencia y la conciencia

Escribo desde lo vivido, desde lo observado y desde aquello que muchas veces queda fuera del discurso oficial. La migración, la identidad, la memoria, la injusticia y la esperanza aparecen de forma recurrente en mis textos, siempre atravesadas por una dimensión espiritual que no pretende adoctrinar, sino acompañar.

Cada historia es una forma de registrar una época, de dejar constancia de realidades que merecen ser narradas con honestidad y sensibilidad. La fe, en ese contexto, no es ornamento: es raíz y pregunta.


Influencias y diálogo interior

Como escritora latinoamericana, dialogo con una tradición literaria rica y diversa. Me interesa explorar la frontera entre la realidad y la memoria, entre la historia íntima y la colectiva, entre lo visible y lo invisible. Ese diálogo constante se refleja en una narrativa que busca ser accesible sin perder profundidad, humana sin renunciar a la reflexión espiritual.


La literatura como acto de conciencia y fe

Para mí, escribir es también un acto de responsabilidad. La literatura tiene el poder de incomodar, de abrir preguntas y de generar empatía. En un mundo donde muchas realidades son invisibilizadas, narrar se convierte en una forma de resistencia silenciosa y, en ocasiones, en un acto de fe.

Mis textos no buscan ofrecer respuestas cerradas, sino invitar al lector a mirar con más atención, a cuestionar y a reconocerse en la experiencia del otro, incluso —y especialmente— cuando esa experiencia toca lo espiritual.


Reflexión final

Escribir desde el origen es escribir con memoria, con conciencia y con fe. Cada libro, cada relato, es una forma de diálogo con el pasado, con el presente y con aquello que trasciende lo inmediato.

Creo en la literatura que deja huella no por estridencia, sino por verdad. Leer y escribir siguen siendo actos necesarios: en ellos se construyen puentes, se preservan historias y se cultiva la conciencia del alma.

 
 
 

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